Roberto urbano EL ARPA Y LA SOMBRA

Roberto Urbano enfoca su obra hacia la investigación espacial de una producción escultórica; en su obra reciente el artista da prioridad al perfeccionista resultado simulador de la indrustrialidad, que es combinado con el acto mismo de apreciar cada una de estas obras donde la vibración del metal, activada por censores de proximidad, instauran un “sinfonía sonora de lo relacional”, proyectando la experiencia del arte, más allá del acto mismo de ver, hacia el acto de sentir, añorar, padecer extrañeza, estupor o sorpresa. Con reminiscencias a la experiencia abrazadora de lo escultórico de Richard Serra o Bruce Nauman, o a la “idea de emboscarnos” de Ernest Jünger, Roberto impone una conversación espacial, donde lo escultórico es completado por lo sonoro, mientras no deja de regalarnos un espacio visual -cada vez más pictórico- que nos habla de un “lugar imaginario” como “paisaje interior”, como si el artista en su temprana madurez, regresara a la raíz de sus hallazgos.

Esta muestra es un acercamiento simbólico a la idea de paraíso en sus múltiples acepciones. Pretende ser un viaje a la multiplicidad de aristas desde los cuales abordar tan amplio concepto. Haciendo uso para ello de elementos procedentes de cosmovisiones, tales como la literaria de Alejo Carpentier, las espirituales pertenecientes a las primeras comunidades cristianas, o los sueños de las utopías revolucionarias, entre otras concepciones del mundo.

Esta exposición es una tentativa de collage objetual donde todas sus partes potencian de alguna forma una multitud de significados, tales como el paraíso retorno y paradoja del tiempo, el paraíso de la libertad individual, el derecho a la Intimidad como paraíso perdido o el simulacro del paraíso terrenal como decadencia de la masa turística entre otros muchos.
Partiendo de la obra de Alejo Carpentier y a través de sus símbolos, el artista crea un espacio donde el espectador encuentre significados y matices a lo que también podríamos llamar muerte o expulsión del paraíso, como metáfora en la que delimitar dicho concepto.

 

LOS DEMONIOS DEL PARAÍSO

Throughout the island world of the Pacific, scattered men of many European races and from almost every grade of society carry activity and disseminate disease” *
Robert Louis Stevenson, The Ebb-Tide (Bajamar)

A finales de 1520 Fernando de Magallanes se encontró con un mar, hasta entonces desconocido para los europeos, y lo llamó Pacífico por la calma de sus aguas en comparación con las del estrecho que acababa de superar y que acabaría llevando su nombre. Pensando estar cerca ya de su destino, no podía sospechar que había entrado en un lugar inmenso, el más inmenso del mal llamado planeta Tierra, que cambiaría para siempre nuestro concepto de Edén.

Un marinero que relata haber visto un lugar donde no hay que trabajar, nunca hace frío y las mujeres van desnudas, es algo muy arraigado en la imaginería europea y que ha acabado por crear dos realidades: la de quienes hemos soñado con estar allí para vivir libre de preocupaciones, y la de aquellos que fueron y tristemente no hicieron lo que los primeros soñábamos. Imponer el pudor, la monogamia, la ética del trabajo y el amor por las posesiones materiales no es lo mismo que vivir libre de preocupaciones.

En El arpa y la sombra parece quedar materializado ese océano, cuya inmensidad intenta ser compensada mediante la repetición de sus rizos, todos iguales pero ninguno idéntico, que se empeñan en dificultar nuestro acceso a ese lugar. Miramos esas aguas fabricadas por Roberto Urbano y podemos imaginar muchas más, y podemos imaginar igualmente que al otro lado, sea lo que sea lo que haya, estará siendo sometido a las fuerzas que arribaron para quedarse después de la travesía de Magallanes. Esa palmera dispuesta en una guillotina, a punto de morir de la mano del pensamiento ilustrado como si tuviese la culpa de su parentesco con el Paraíso. Mientras, un pelícano permanece impasible.

Simbólicamente el pelícano podrá significar lo que le parezca, pero evolutivamente no se ve afectado por la llegada del Cristianismo a los trópicos, ni tampoco por la del Pensamiento ilustrado. Quizás los asuntos que nos preocupan sean menos importantes de lo que pensamos. Nunca sabremos si nos reímos nosotros de los pelícanos o si son ellos los que se ríen de nosotros; no sabemos cómo es su risa.

A quienes logren atravesar ese Mar de hierro quizás les espere La playa de Falesá de Stevenson, donde un comerciante europeo llena un bosque de artilugios que con el viento hacen ruidos demoníacos para mantener alejados a los nativos de sus negocios. Cualquier sonido de origen desconocido es sospechoso de ser cosa del demonio, y la obra Las nuevas religiones demonizan a sus dioses anteriores no es una excepción. Detrás del muro sonoro que ha creado Roberto Urbano hay personas que intentan comunicarnos algo, pero nosotros sólo oímos el retumbar de las voces de los dioses del Pacífico convertidos en diablos.

Simon Zabell, febrero de 2017

* “A lo largo y ancho del mundo isleño del Pacífico, un desperdigado de hombres de muchas razas europeas y de todos los grados de la sociedad llevan actividad y propagan enfermedad”

 

Roberto urbano EL ARPA Y LA SOMBRA

 

 

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