JAGERMUSIC PRESENTA A LA BIG RABIA

“BODA NEGRA” Presentación del disco en LEMONROCK HOSTEL&BAR

La BIG Rabia son:
• Puñete (a.k.a. Sebastián Orellana): Guitarras, Voz, Bajo, Percusiones, Coros y Teclados.
• Vaniv X (a.k.a. Iván Molina): Baterías

En el ideario del dúo chileno sucumbir a la norma equivale a traicionar la filosofía de que el camino se hace sin mirar atrás. Por eso, tras una temporada girando por España y Sudamérica (tours que empujaron al grupo hasta festivales del calibre de Monkey Week o Primavera Sound), La BIG Rabia han terminado afincándose en Sevilla, ciudad desde donde lanzarán el próximo mes de abril su flamante Boda negra, un álbum que editarán con Happy Place Records, Casa Hermandad de Pájaro, Pelo Mono, All La Glory, Miraflores o Los Saxos del Averno.

Producido por Paco Lamato (Pájaro) y el mismo Sebastián Orellana en el Studio Happy Place, lo nuevo de La BIG Rabia es un magnífico crossover entre pasión y técnica, una colección de canciones que son el Dragon Khan del bolero contemporáneo. Las suyas son composiciones dignas de dos storyteller superstar, perlas negras pergeñados por un tándem que “ha sabido apropiarse de múltiples sonoridades ajenas catalizándolas en una propia, renovando así el espíritu de las viejas tradiciones y las melodías de lupanar”.

Mi compromiso, primer single que vió la luz el 14 de febrero (mazazo intencionado al Día de los enamorados) es una auténtica montaña rusa que ya de entrada coloca a un género clásico dentro de un viaje de cráneo y sin frenos a través de la historia del rock más honesto y estremecedor. Capitán, Olvídate de mí, Mujer sin alma, Tormento, Perdónate o la instrumental Santa Elvira son composiciones como puños, vibrantes y peleonas; historias tejidas con humildad y pasión de orfebre, perfectas cantinelas para acompañar todas las fiestas del mañana y sus resacas correspondientes. Y salpimentándolo todo, destacan las colaboraciones de Julián Maeso, Javi Mora y Antonio Lomas (Lori Meyers, Grupo de Expertos Solynieve), un “wild bunch” que haría palidecer de envidia al mismísimo Sonny Vincent.

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